El camino de la rivalidad

Columna

Por: Mariano Espinosa Rafful

20 de Diciembre de 2017 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Después de observar por años los comportamientos de la mayoría de los políticos que conocimos en el transcurso de la vida, sobre todo a partir de 2005, nos damos cuenta que los cambios son algunos muy drásticos y desafortunadamente en contra de lo que eran antes.

La identidad poco a poco se va perdiendo en esa humildad de las necesarias cercanías, dejan de ser pueblo para subirse a escalones planetarios para ellas y ellos quizá en los distractores de una función única.

A lo que hay que agregar que todo inicio le pertenece un final, y en la inmensa fatalidad de los casos el ostracismo suele acompañarlos.

En la década pasada hubo un político que deseaba escuchar lo que se decía de él, obviamente los oídos están puestos y dispuestos para lo bueno de esa vida de conquistas, de logros, de política de la buena.

Pero en nuestro caso, cuando la siguiente sesión era para que platicáramos de lo malo, lo negativo que también se escuchaba, fue alertado por un político campechano que he admirado siempre, y me advirtió, si quieres conservar esa amistad o seguir frecuentando a ese político, no le menciones nunca lo que seguramente le va a disgustar.

Resulta en verdad complicado acercarse a los que llegan supuestamente más alto que los mortales, los hay desde regidores y síndicos, hasta legisladores locales y federales que se extravían, y el telón de esas funciones también tiene un finiquito.

Muy pocos toman un llamada o responden un mensaje, eso si el placeo está a la orden del día, para salir a cuadro, la entrevista, lo afable de quien escribe, pero todo a cuenta de ese poder que creen tener entre lo cursi y el fatalismo de la realidad.

Contados los que siguen el camino de la congruencia, menos aún los que escriben para los ciudadanos y hasta publican en las redes sociales, y es en ese espacio donde se dan los debates más subidos de tono, donde algunos se enteran.

Hoy la lucha está en lo sórdido de la maldad que habita los escaparates, donde algunos a pesar del trabajo y el esfuerzo se quedarán en el camino, porque no están para subir esos escalones que marean en demasía.

Campeche y Carmen en nuestro estado se pelean los reflectores, las posiciones federales, de las locales escasean tiradores, algunos se quieren saltar sin red de protección y antes de eso han fotografiado el descalabro.

Los de abajo deberán aprender a dominar los temas que no tienen ni la mínima idea, y eso sí, presumen sus cargos donde llegaron por la vía plurinominal, no requieren negarlo, están plenamente identificados, y todavía aseguran trabajar para el pueblo, vaya desfachatez.

Y en las grandes ligas de la política sucede algo muy parecido, a diferencia de los aprendices estos están a años luz de distancia de los mortales.

Todo lo que se dice y se hace es más que perfecto, lo vemos con los aspirantes a la presidencia de la república, todo se aplaude, todo se festeja, todo es risa y alegría, porras, banderas y banderines de todos colores, cartulinas con letreros que nadie lee.

El pueblo está distante de las decisiones finales y fatales que si nos importan, que nos beneficien o nos perjudiquen, los aumentos o incrementos a los impuestos, el cambio climático, la seguridad de nuestras familias, la deuda externa e interna de un país que se va quedando sin petróleo, la paridad peso-dólar que vaya que nos pega; y el producto interno bruto y sus vaivenes en la importación y exportación de bienes y servicios.

No hay quizá el valor para aterrizar lo fundamental, para debatir y además comprometerse a sacar adelante a un país como México inmensamente rico aún, donde las oportunidades deben de ser para los que se atreven a ir más allá de sus narices, más allá de un conformismo que les asegure mediocridad y sumisión.

Estamos a tiempo de acelerar el paso para el gran debate de las ideas, la sociedad está involucrada en la próxima elección federal, estatal y local, el país debe aspirar a superar las crisis de valores, pero más aún señalar cuando los políticos se equivoquen.

EN PRIMERA LÍNEA

Desliz en el pronunciar algunas palabras, le ha sucedido al presidente, al gobernador de Oaxaca y al presidente del Comité Directivo Municipal del PRI en Carmen.

Las causas pueden ser muchas, desde pensar en otros temas al momento de discursar, hasta el miedo escénico, antes Aurelio Nuño también sin leer se tropezó al pronunciar la palabra con una sola vocal. Fatalidad o estrabismo quizá.

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