Incertidumbres al margen

Columna

Por: Mariano Espinosa Rafful

29 de Diciembre de 2017 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Casi todo lo referente al tema político en estos días va sufriendo un bajón natural, en un notable desgaste además de las batallas no libradas, de acusaciones no solventadas y de improperios lanzados al azar.

Damos paso a un fin de año con un invierno muy frío y austero, entre las brisas de un mar infinito de horizontes alternos, y una disparidad en las desigualdades mostradas por los que se atreven a ofertar algo políticamente creíble.

Hay sin duda alguna amagues, escarceos, cambios de partido, ausencia de cuadros con formación de futuro, todo es mediático y atraviesa ese umbral terso de un grisáceo a toda luz.

Nueve en la conformación de alianzas o coaliciones, de ellos han derivado en tres para llevarse los problemas añejos, sin propuestas ni receta para recuperar al enfermo de la cama 1982 o 1988 da igual, son muchos años en la angustiosa sombra de una irreparable realidad.

Pero no todo es negación ni altruismo, tampoco mediocridad y olvido, podemos estar ante la valiosa y única oportunidad de saltar al primer mundo, sin pasar por una aduana de más engaños y pesadillas económicas.

El año por venir puede colmarnos tanta esperanza acumulada, las uvas son un encanto en quien concibe que son una parte de ese futuro encomiable, indescifrable hoy, dudoso siempre.

Porque los inviernos son más rudos y crudos sin opciones de un cambio hacia quien sabe dónde, no nos dicen que derrotero podríamos tener, nunca hemos sabido hacia donde nos dirigimos sin remos y a veces sin balsa para salir a cuadro.

Todo puede ser, pero en el futurismo se nos han ido maravillosos años de la existencia, apostar al ciudadano es una opción de optimismo, en la credibilidad de los resultados que han ido dejando en el quehacer político y económico, nunca dudamos, pero no somos ingenuos.

No vamos a invocar al bien o al mal, desechamos las fatalidades, en esa persecución de sueños inacabados, en el último tercio de una existencia que se apaga también como la misma esperanza.

Los ciudadanos también nos fallamos, porque pecamos en infinidad de ocasiones en exceso de optimismo, nos venden en algunos casos humo, y es el Congreso quien dispone de lo que pueda sucedernos, tanto de los ingresos como de los egresos, la clave está en ese voto, que se convierta en útil, y con ello refrendemos no sólo paz en un país de demasiados alborotos, sino de pleitos inacabados que a nadie benefician.

Perdemos en cada pecado, en cada acto de corrupción por mínimo que sea, en cada palabra empeñada y no cumplida de un aspirante que se convierte en gobernante, legislador, alcalde, regidor o síndico.

Vaya que en el recuento de este año que está por finiquitarse tenemos consigo incertidumbres al margen, de ellas nos vamos a ir haciendo a la idea de sumarlas o restarlas del equipaje que tendrá otro buen puerto de abrigo, en el invierno de la rudeza del enero de 2018.

Destellos de inquietud, calamidades no confesadas, misas no escuchadas, contradicciones en superlativo, pero siempre esa voluntad infranqueable que desea permitirse mirar la verdad al final de un túnel con salida.

La política y sus asegunes, ese muestreo natural de la comunicación entre candidatos y ciudadanos, entre suspirantes perdedores desde ahora, en estados donde se ha perdido casi todo.

Vamos abandonando el 2017 o más bien nos va abandonando a nosotros, sin esa tesitura de una melodía entre dos o entre tres, sino en la soledad de la navegación sin brújula.

Todos en algún momento de la existencia dudamos en el siguiente paso del escalón, de acuerdo a la intuición nos equivocamos, pero por supuesto que con conocimiento de las causas de esa dirección, que no será otra que la misma que nos mantiene aquí ecuánimes hasta hoy.

EN PRIMERA LÍNEA

Futurismo en todas partes, aspiraciones innegables, pero vaya que algunos nos dan pena ajena, no es posible querer aparecer en una boleta electoral.

Favor de ahorrarse tiempo maravilloso de vida, para serlo hay que parecerlo, muchos llegan por un golpe de suerte, o por un voto de castigo. Mañana no es igual a antier.

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