El olor a anciano empieza a gestarse en nuestro cuerpo a partir de los 30 años

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Por: Redacción

22 de Septiembre de 2018 a las 15:41

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El químico e investigador José María Antón, explico que el “olor a anciano” es real y que no tiene nada que ver con el sudor u otros fluidos corporales con la suciedad exterior:

“Lo causa el 2-nonelal, una molécula que se genera en la piel al oxidarse de forma natural los ácidos grasos de la barrera lipídica“.

José María Antón, investigador durante años en biotecnología para el CSIC y presidente y fundador del grupo Prima-Derm, añadió:

“El 2-nonenal huele realmente mal. Tanto que cuando abrimos una cápsula con esa molécula en el laboratorio, todo apesta”.

El olor es fácil de reconocer, es un aroma ranció que se queda impregnada en las almohadas y ropa de los adultos mayores. Los japoneses de la compañía Shiseido fueron los primeros en documentarlo en el 2001, para su cultura los olores suelen considerarse una invasión del espacio común, abundan los estudios sobre el funcionamiento de la oxidación de los ácidos grasos y cómo mitigar el mal olor corporal. Aun así, los nipones, muy respetuosos con sus mayores, denominan a esta peculiar esencia corporal de los ancianos ‘kareishu’.

José María Antón, asegura que este olor se comienza a presentar a partir de los 30-40 años de edad cuando los cambios hormonales de la madurez traen como consecuencia un aumento en la producción de lípidos en la superficie de la piel; “De ahí que mucha gente diga que existen ancianos que tienen olores más fuertes”

A esta edad nuestra capacidad antioxidante comienza a reducirse nuestra capacidad antioxidante lo que da como resultado que “aumente de manera exponencial esa peroxidación, generando más de 2-nonenal y el que el cuerpo huela cada vez peor”.

El investigador aseguró que el sudor no tiene nada que ver con que produzcamos ese olor conforme envejecemos y es casi seguro que no tampoco lo percibamos, a medida que envejecemos, vamos perdiendo capacidad olfativa, a partir de los 70 la pérdida es tan notable que casi somos tan inmunes al mal olor como los niños menores de 8 años.

Pero, ¿no se va con una ducha? "Los lípidos no son solubles en agua. De ahí que el mal olor relacionado con los ácidos grasos sea tan complicado de eliminar". En esto se diferencia del sudor, que no es sino un caldo acuoso de sustancias y bacterias con ganas de descomponerlas. Un poco de agua y jabón los eliminan sin problemas.

Como si de una película de ciencia ficción se tratara, para atajar el 2-nonenal hay que neutralizarlo. Prima-Derm acaba de lanzar una fragancia corporal unisex, Inner, con activos como el Sirtalice y el Seadermium, "procedentes de sendos microorganismos localizados por el CSIC a 3.400 metros de profundidad cerca de Isla Reunión. Esas moléculas encapsulan a las otras moléculas apestosas. De esta manera desactivamos el mal olor", aclara Antón. Y no es la única opción. La compañía japonesa Mirai Clinical se encomienda a las propiedades antioxidantes del extracto de caqui para fabricar jabones y desodorantes que planten cara al temido 2-nonenal.

Si te estás preguntando qué hace la naturaleza para advertirnos de que nuestro cuerpo o el de nuestros coetáneos empieza a apestar, la respuesta es bastante desalentadora. A medida que envejecemos, vamos perdiendo capacidad olfativa. No olemos al vecino que huele mal, pero tampoco esas rosas recién cortadas del jardín.

En concreto, a partir de los 70 la pérdida es tan notable que casi somos tan inmunes al mal olor como los niños menores de 8 años, que no se inmutan al entrar en el baño del jardín de infancia ni se alteren con las ventosidades de sus amigos, pese a que aquello hieda como la antesala del averno. Científicos galeses lo explican por la pérdida de fibras olfativas y la muerte de las neuronas encargadas de procesar las fragancias

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