Investigadores emplean la bacteria estomacal 'E. coli' para transformar sangre en el grupo sanguíneo más urgente en hosp

Salud

Por: Redacción

21 de Agosto de 2018 a las 12:30

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Entre la sangre demandada por los hospitales suelen predominar las del tipo 0+ y 0- ya que son estos los grupos sanguíneos que pueden administrarse universalmente a los demás pacientes.


La ciencia lleva mucho tiempo buscando esa 'sangre universal' que pueda solucionar los habituales problemas de compatibilidad. La necesidad de sangre de los grupos 0+ y 0- no se restringe sólo a nuestro país. En Estados Unidos, las tormentas que sufrió la Costa Este a principios de 2018 dejaron sus hospitales tiritando y clamando a los cuatro vientos la urgencia de estos grupos sanguíneos.


Ahora, un grupo de químicos de la Universidad de British Columbia (Canadá) ha dado un salto de gigante para paliar la necesidad extraordinaria de sangre del tipo 0. Su principal hallazgo es que algunas enzimas intestinales tienen el potencial de transformar sangre de los grupos A y B en plasma sanguíneo del tipo 0, haciéndolo ideal para cualquier tipo de transfusión. Estos compuestos orgánicos descubiertos son, según la investigación presentada en la reunión anual de la American Chemical Society, 30 veces más eficientes que los anteriores candidatos.


"Hemos estado particularmente interesados en las enzimas que nos permiten eliminar los antígenos A o B de los glóbulos rojos", explica Stephen Withers, uno de los autores del trabajo "Si puedes eliminar esos antígenos, que son simplemente azúcares simples, entonces puedes convertir sangre A o B en tipo O".


Para encontrar los candidatos ideales, Withers empleó una herramienta relativamente nueva, la metagenómica. Definida como "la microbiología del futuro", este prometedor campo permite estudiar el ADN de una comunidad de microorganismos en conjunto, sin tener que aislar o cultivar en laboratorio una especie en particular.


"Con metagenómica, tomas todos los organismos de un entorno y extraes la suma total del ADN de esos organismos mezclados", explica Withers. A continuación, los investigadores usaron la bacteria 'Escherichia coli' para seleccionar aquellos genes capaces de codificar enzimas que puedan adherirse a estos azúcares simples que determinan los tipos de sangre A y B. Es decir, Withers empleó la metagenómica para identificar nuevos catalizadores biológicos. "Es una forma de sacar esa información genética del medio ambiente, llevarla al laboratorio y luego seleccionar la actividad que nos interesa", explica.


Inicialmente, estos investigadores pensaron en emplear el ADN de los mosquitos o las sanguijuelas, especies expertas en la degradación de sangre, pero pronto se dieron cuenta de que los diminutos habitantes de nuestros intestinos son mucho mejores haciendo ese trabajo. Por ejemplo, las bacterias que descomponen la comida en nuestro estómago utilizan unas proteínas glucosiladas que están adheridas a la pared intestinal, las mucinas.


Las mucinas, por así decirlo, funcionan como unas gasolineras para estas bacterias: éstas se unen a ellas y se alimentan de sus azúcares para poder seguir haciendo su trabajo. Estos azúcares son muy parecidos a los antígenos que determinan si un glóbulo rojo es tipo A o tipo B, por tanto estos científicos lo vieron y pensaron  “si las enzimas empleadas por la bacteria logran arrancar azúcares de la mucina, ¿servirán también para lo otro?"


En estos momentos, Withers, junto con científicos del Centro de Investigación Sanguínea de la UBC, está tratando de llevar estas enzimas a la fase clínica, validándolas y probándolas a gran escala. Pero no sólo eso. Ahora que saben cuáles son las enzimas más eficientes del mundo para la tarea concreta de transformar un tipo de sangre en otra, planean utilizar técnicas de ingeniería de proteínas para simular cómo sería su evolución y crear nuevas enzimas aún más eficientes.


"Soy optimista, tenemos un candidato muy interesante para ajustar la sangre donada a un tipo común", dice Withers. "Por supuesto, tendrá que pasar por muchos ensayos clínicos hasta asegurarnos de que no tiene consecuencias adversas, pero parece muy prometedor".


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