Un México que ya no existe

La Opinión De

Por: Mariano Espinosa Rafful

12 de Julio de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros

La cura para todo es agua salada; sudor, lágrimas o el mar.

Karen Bilxen

Poco o nada nos sorprende ya en estos tiempos de más fatalidades que buenas acciones a favor de la libertad individual de la conciencia, del respeto ante el núcleo familiar y las bondades inexistentes en una sociedad colapsada por la indiferencia, porque todo corre demasiado aprisa, como la vida misma.

Quizá en los últimos años hemos sido absorbidos por esa vorágine de sucesos indescifrables, sin explicaciones convincentes, donde la sumisión debe ser premisa para continuar arriba de un barco a la deriva en infinidad de ocasiones.

Somos el reflejo de la decadencia como país, una sociedad con pocos valores éticos hoy en día, con más monosílabos que conversaciones con criterio propio, casi todo se reduce a referirnos a lo que dijo el otro, escritor, productor, crítico, político, calumniador, escribano y hasta poeta disfrazado de cursilería.

Tenemos ante el espejo de la vanidad, cuentas pendientes, trapecios enmohecidos por el disparate de cancelar la exhibición de los animales en los circos, eso es decadencia, no es protección a los animales, porque el maltrato se sigue dando, sólo que ahora sin circos.

Y las marcas que se rompen, tanto en las grandes ligas como en el tour de Francia, impregnadas hasta el tuétano de dopaje, y entonces le echamos la culpa a la corrupción, porque los deportes de alto rendimiento están siempre en la sospecha en el rompimiento de las marcas.

Las corridas de toros se van prohibiendo en algunas localidades, pero se vota a favor de tres años más para quien ni siquiera ha asumido el cargo de gobernador en Baja California, la violación continua de la Constitución, y no pasa absolutamente nada, México es el país donde el paraíso se vive a plenitud, con los pudientes, los otros no existimos, tan solo deambulamos.

Tenemos menos espacios para la convivencia, menos horas para departir y repartir con la familia, los amigos pasaron a formar parte de las nostalgias palaciegas, ya no están más, los que estuvieron habitan el ciberespacio, ni una llamada, todo en redes sociales, hemos perdido el pulso de los colores de la bondad, el cariño, la sinceridad y por supuesto la verdad como retrato de la realidad que vaya asusta.

Andar en bicicleta es hoy un lujo, desde el precio de la misma, las calles infestadas de violencia, porque ya te asesinan, aunque te roben el celular de trescientos o dos mil pesos, da igual, porque al asaltarte no saben que aparato tienes.

Caminar es también todo un ritual, las calles, las banquetas, los obstáculos de los ambulantes, tolerados en exceso por la autoridad en turno, donde las ganancias son más para ellos, que para los que soportan el sol, las lluvias y hasta los robos.

Esta última vez estoy por cumplir en diciembre próximo, trece años de habernos instalado en la Ciudad de México desde esa nostálgica Ciudad del Carmen, donde cada día que transcurre ya nos creemos, no volveremos a vivir en sus bellas tardes.

Oscuro el mundo donde habitamos, llenos de cicatrices, sin más aprendizajes que escapar de la maldad que se esconde detrás de una sonrisa, un te quiero, o hasta un pedimento de apoyo.

Lejos, muy lejos de los llamados años maravillosos, hasta donde llegó a acompañarnos la inocencia de la adolescencia, los sobresaltos para hacer la tarea o leer el libro para el examen, ahora casi todo es un interés inaudito para hacerse de algo, sin comprometerse para al menos intentar siquiera la excelencia.

La mediocridad se ha posado en las nuevas generaciones, excepciones son muy pocas, aquellas y aquellos que alcanzarán el éxito nunca los veremos como antaño, en los lugares comunes.

EN PRIMERA LÍNEA

Cada vez que sucede una tempestad política no prevista en el meteorológico de la crítica mundana, hacemos conjeturas de lo que fue, sucedió y pudo haberse dado.

Lo que es un hecho irrefutable es el menor tiempo de duración en el ánimo de los que apuestan, unos a favor del México al barranco, mientras los otros resuelven para un nuevo día con sol.

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