Composición de la tierra fecunda

Columna

Por: Mariano Espinosa Rafful

22 de Noviembre de 2017 a las 00:00

Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Las generaciones están en una constante e incansable lucha interior para alcanzar sus objetivos primordiales, esos que pocas veces se logran, donde la cultura y la política llegan a tener algo muy parecido a un choque de trenes de frente y de madrugada.

Cientos de huérfanos, miles de incógnitas, desde las mochilas al hombro con ideales válidos en los años sesenta, hasta este siglo XXI de irreparables pérdidas de todo tipo.

La ciencia y la tecnología tienen un lento avance, significativo en algunas universidades, incluida la de San Antonio Cárdenas, que ha ganado un premio más al conocimiento aplicado en la robótica y ello prestigia a Carmen y a Campeche.

La política se ha quedado corta, los grandes presupuestos van a programas sociales que se radicalizan, que ocupan los colores de los partidos que los procuran, y se estrellan cada sexenio con un nuevo nombre.

Hemos perdido gran parte de los recorridos cotidianos, pocos saben hoy hacia donde se dirige el país, quien determina su rumbo, unos a favor, millones en contra.

Estados Unidos no debe ser competencia, esa debe estar hacia el interior de un México herido, desgastado a más no poder por su gente, la que resta, la que escupe hacia arriba, la que nunca va a proyectar en positivo, es demasiado pedir.

Los más que aspiran al poder político presidencial no proponen nada, van por su futuro inmediato, a costa de firmas o de votos, a costa de la pobreza y la marginación, para luego desatenderlos, olvidarlos, ni saludarlos ni mucho menos tomarlos en cuenta.

Como si fuera una sinfonía hecha añicos, en el letargo de la oscuridad, así parece se teje el futuro de un país que merece más que suposiciones, acusaciones al aire, intimidaciones, relajaciones en mayúscula, y toma de café en público donde nadie abona a favor de un México plural y que se respete a sí mismo.

De tanto repetir quien va primero en las encuestas, quien ganará, quien será el candidato de tal o cual partido, no nos representa nada, nos quita sueño, nos aleja de la realidad.

Los partidos políticos son una fábrica de sueños raros y sudorosos, ser candidato no representa en sí mismo el triunfo, menos el éxito en un buen gobierno.

El control de daños siempre falla, porque no se contrata a los mejores, se piensa en los aliados, en la fidelidad que está años luz de darse en los hechos, esa que simula y crea focos de ambientación mediática.

Nos alcanza la prisa por terminar lo que no lograremos, abatir cifras en contra, maquilladas por el INEGI en el próximo censo, o el CONEVAL y un gasto que debiera darse de manera directa a la clase más desprotegida de un país del tercer mundo.

No es Peña Nieto ni Calderón Hinojoza el problema, el problema somos nosotros que seguimos abonando en la política de respuestas a casi todo, y no nos movemos ni un milímetro de esa inmaculada zona de confort.

Dedazos por todos lados en el buen sentido de la expresión política, iniciando en MORENA, que se auto flagela, y podríamos enlistar a todos por igual, no se salva ni uno sólo de ellos, con más negativos ante la opinión pública, con menos votos en la siguiente elección presidencial.

Diciembre será clave en las aspiraciones de los suspirantes que siguen mandando señales de su presencia, pero la suerte ya está echada, los que estarán en la boleta ya lo saben, hay quienes se lo informaron de frente al espejo de su inconciencia.

Los que apuesten a noviembre tienen más posibilidades de errar, diez días son insuficientes para que veamos tantos movimientos en el tablero político nacional.

EN PRIMERA LÍNEA

Me llamó la atención las declaraciones de Margarita Zavala en Ciudad del Carmen al ser cuestionada sobre Yolanda Valladares.

Hasta para ser política o intentarlo hay que tener clase, nadie me lo platicó, lo vieron mis ojos, lo escucharon mis oídos, “de ella que opinen los taxistas”. Fatal y lo que sigue.

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