El viacrucis político de Meade

Columna

Por: Mariano Espinosa Rafful

30 de Noviembre de 2017 a las 00:00

Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Hoy termina un mes de incontables fatalidades para la mayoría de los mexicanos, incluida por supuesto el endeudamiento para pagar en febrero de 2018 las compras del buen fin, convertido en algarabía y retratado ahora como insomnio.

En infinidad de estudios serios se aseguran que los tiempos mejores no llegaron, los indicadores económicos nos muestran el pobre poder adquisitivo de los productos de primera necesidad, lo suntuario nos guiña el ojo.

Cada quien se asegura construye futuro, pero a muy pocos les alcanza para mirarse ante él, uno de ellos es el ex Secretario de Estado en dos gobiernos distintos, el PAN y el PRI.

Un ciudadano que nunca se ha afiliado a un partido político llama poderosamente la atención, los mensajes enviados al exterior de una economía robusta en lo macro cuentan, pero el mexicano de a pie sólo la ve pasar y no alcanza a subirse al tren del neoliberalismo.

Quienes se pronuncian por ser apolíticos son todo lo contrario y está bien, sucede en contrasentido que son los que enfrentan guerras donde no visualizan rivales de carne y hueso.

Ayer López Obrador ocupaba los espacios de atención del mexicano clase media, aquel que tiene ideales, que procura un cambio, pero no conoce la ruta de inicio para lograrlo, porque en la pirámide del poder político, a los de arriba les gana la ambición.

José Antonio Meade ha tenido un inicio prometedor, hasta ahí, no hay que cantar victoria entre los priistas duros y rudos, aquellos que le harán la vida de cuadritos, que le solicitarán de todo, enlistarlos a los puestos de elección popular, donde de eso sabe muy poco.

El presidente Peña Nieto se aseguró de nombrar a un aspirante para su partido, que le permita la continuidad de las reformas estructurales, si bien PEMEX se va recuperando, el enfermo y los síntomas no han sido del todo contenidos.

La corrupción es el principal lastre de este país, me atrevo a afirmar que casi todo está podrido, menos la consciencia de los recién nacidos, porque hoy todo obedece a un intercambio de favores, acelerar para cumplir, ganar sin competir.

Las elecciones se gana en el terreno de los hechos, ahí donde las ideas a veces no les alcanza, el futuro y la esperanza son palabras desgastadas, que se usan como muletillas, más que por convicción.

Se sumarán los que tienen que hacerlo, los sectores y organizaciones cumplieron con el ritual, no les quedaba de otra, ya saben que los doce años fuera de toda opción de inclusión ha sido muy costosa, el salario mínimo entre otros tristes rubros no actualizados de acuerdo a la realidad del mexicano que se rompe el alma todos los días más de 10 horas, más las invertidas en un transporte público peligroso e ineficiente; y sin mantenimiento ni renovación de unidades de todo tipo.

La economía es su fuerte en José Antonio Meade, pero quienes tan sólo alcanzan a sumar pesos para llevar comida a su mesa, y conocen el pescado porque tienen el mar a su lado, pasan navidades en el viacrucis de cargar lozas como el pípila, que los mantiene a raya del desarrollo.

Es muy halagador los mensajes de optimismo, también los encontronazos que se darán no sólo en los tres debates López Obrador y el aspirante priista hoy, los otros también cuentan, porque un Bronco restará, un Anaya demandará de todo, y una Margarita en primavera verá que no todo es poder y dinero.

Estamos ante escenarios nunca antes vistos, priistas vitoreando a un ciudadano que afirma que no se afiliará a ese partido, como Mancera en el PRD, donde por cierto le están machucando los dedos con la puerta al no dejarlo entrar más.

Los otros, porque siempre hay otros, harán su otro viacrucis, de eso no tenemos la menor duda, las apuestas tiran fichas de dominó, el beisbol aguarda el out 27.

EN PRIMERA LÍNEA

A más de uno le quita el sueño el primero de julio de 2018, sobre todo quienes entrarán a formar parte de los compromisos de sumar a los indecisos.

Expresar abiertamente el apoyo a un aspirante presidencial no es garantía de nada, quienes apoyan a AMLO lo hacen más por despecho que por convicción.

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