Hoy, una competencia de fervor

Columna

Por: Mariano Espinosa Rafful

16 de Febrero de 2016 a las 00:00

Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros

Hoy, una competencia de fervor

Y nos atrapa la vorágine de la fe, esa de la que no pocos escapan hoy en día, los temas mundanos pasan a un segundo o penúltimo plano, no hay más política que la que emana de la visita del Papa Francisco, vaya lío, tremendo drama.

Y es que solemos olvidar casi todo, hasta como nos llamamos o nos nombran, en esa crucifixión de espacios siderales, hasta donde el perdón le asiste a la razón.

Nada nuevo en el horizonte alterno de los creyentes católicos, solo les han remarcado, a los que deseen escuchar, de las complicidades en la corrupción, de los alborotos de las cofradías en beneficio de unos cuantos, algo nuevo no está a la vista.

Hasta ahora ningún tipo de milagro a la vista, solo bendiciones y alusiones a la política y a los políticos, y a la numerosa asistencia en catedral de obispos, arzobispos y cardenales. Unos hacían como que oían, otros dormitaban ante un discurso, que hasta la garganta le secó al Pontífice.

No hubo reverencias a sus representantes en México, no hubo sonrisas, un discurso en seco, claro, directo, con señales de un rompimiento con quien les endilga más problemas, por lo servil ante el poder económico y político, el Cardenal Rivera.

Se realiza una crítica muy agría de los dos gobernadores que besan el anillo papal, una mujer y un hombre, una recién llegada al poder estatal de Sonora, el otro anfitrión ayer lunes en su natal Chiapas, desde donde prepara más luces que sombras, más deseos que realidades para llegar a la silla presidencial en 2018.

No se han logrado las cifras esperadas, pero el rompimiento del protocolo ha sido recurrente en el visitante distinguido, desde luego hemos leído más que visto y escuchado la televisión nacional, y ahí nos damos cuenta de hechos de un ser humano con sensibilidad y entrega a su fe.

En la Nunciatura descender para abrazar y besar, así como bendecir a niños enfermos, obsequiarles un rosario, de manos de uno de sus asistentes. Hacerlo sin obligatoriedad, se le notaba sereno, emocionado, dispuesto en una palabra.

El trajín por la misa en Ecatepec el domingo pasado, donde no se lograron juntar la cifra estrella del firmamento del gobernador mexiquense, aún como consignan las noticias, con empleados de todo tipo, en día inhábil.

Se habla de poco más de 300 mil personas, llegadas de todas del país, lo hemos corroborado este lunes en el aeropuerto, donde pasajeros con destino a Tijuana abarrotaban las salas, comederos, y mostradores de las aerolíneas. Sitio de una de sus visitas a tierra mexica.

El buen humor es un signo distintivo de este Papa, pero muy distante de lo que fue Juan Pablo II, polaco de origen que se ganó con su naturalidad y entrega a todo el catolicismo en México, en sus visitas.

Aquí nos damos cuenta, con el invitado hoy incómodo para la iglesia, por la purga que ha realizado en el Vaticano, donde las finanzas eran solo de un lado de esa cofradía del poder secreto, que están ante el vivo retrato de la realidad.

Esa que nosotros, los creyentes en algo, o en un ser superior, al que nos encomendamos más en la adversidad que en el gozo, no tenemos presente, ni en la salud ni en la educación, pero si en la falta de ambas, necesarias para la sobrevivencia.

Desde todas las expresiones de la democracia a la mexicana, no superamos arrodillarnos ante la fe, ante la significativa especie de perdonar en silencio, sin bendiciones ni complacencias.

Los más afectados con la llegada del representante de Roma, son los elementos policiacos en la ahora Ciudad de México, que trabajan en la custodia de vallas 24 horas, para un descanso otras 24; sin alcanzar llegar a sus hogares.

Mal duermen en estaciones del metro, cajeros automáticos, o en pequeños espacios rentados entre algunos, porque son varios días el despliegue de la seguridad para el visitante.

Coincidentemente con un día significativo para el comercio, un 14 de febrero que no fue del todo provechoso, veíamos los comercios con sus productos, las flores en los supermercados anunciándose de 22 pesos a tan sólo 5 pesos. La crisis llegó ahora para quedarse un par de años más.

Y no es que seamos pesimistas, ni mucho menos agoreros del mal, la visita del Papa reditúa más ganancias políticas, que votos de castidad, más desencuentros con ese espejismo de realidad, que la misma retratada en el discurso en palacio nacional.

Hoy se habla más de lo malo, de lo que nos deja para Luis Videgaray, más miradas que hechos, los representantes en los Estados visitados, el Secretario de Sedesol, José Antonio Mead Kuribreña a Chiapas, el de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, ni sus luces de la de Relaciones Exteriores.

Lo político nunca a segundo plano, al contrario, todo es política, desde el saludo, que pasa por la reverencia, la bienvenida, hasta la que puede ser la última despedida de un Papa a México.

Se cuestiona la separación iglesia-estado, en un país donde más fieles se reparten en la disparidad de las formas religiosas, donde se profesa ante la creencia de lo sobrenatural, porque de algo tenemos que agarrarnos ante tanto disparate, en un mundo que no sorprende por el cinismo, pero si por la desgracia de la corrupción.

Esa es la palabra clave desde siempre, y el Papa ha tocado con ella fibras sensibles, más en la iglesia, porque en la política es muy difícil erradicar un mal incrustado en todos los niveles, hasta para levantar un dedo, el índice para votar.

A media semana se volverá a ese cruento realismo que nos deprime, pero que no deja espacio para la otra duda, esa de creer en algo más que en nosotros mismos.

Nos apegamos al poderoso, a lo sublime, al que pueda darle agua al sediento, oportunidades a los inteligentes, cobijo al enfermo, paz a una humanidad que lucha sin saber donde está la salida de emergencia.

Las películas son un fino retrato de la vida, los libros van de un lado a otro guiándonos en un pequeño pero mágico despliegue de imágenes y formas, para no sucumbir ante lo grotesco.

Se va a ir el Papa de vuelta a Roma, y nos dejará discursos, palabras para el análisis, resignaciones, más preocupaciones y muchas otras deudas en los estados visitados.

Sin duda alguna somos pequeños cuando deseamos, y somos tan grandes como nuestra imaginación nos lo permite, hacemos maravillas con ello. Nunca nos debemos rendir, porque no hay enemigo pequeño. Y es que desde la fe que podamos profesar, es nuestro mejor aliado para saltar cualquier obstáculo. Hasta la mentira que simula ser verdad. Comentarios y Sugerencias esmar1010@hotmail.com

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