La política, tan difícil como necesaria

Columna

Por: Mariano Espinosa Rafful

2 de Diciembre de 2017 a las 00:00

Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Entramos al último mes del presente año, un 2017 cargado en demasía de claroscuros desde su mismo inicio, ese contrastante enero de saqueos en la Ciudad de México por el aumento desmedido y hasta cierto punto impensable para la población de las gasolinas.

Por supuesto que vino una escalada de precios al consumidor, porque la mayor parte de los productos básicos se transportan por las carreteras del país.

Las casetas de cobro también se incrementan, sobre todo en los albores de un periodo vacacional, como si nada más nos faltara en ese sinuoso camino de la vida rutinaria.

Los grandes convenios de PEMEX, que dicho sea de paso no se han transformado en empleos en las zonas económicas que aún esperan reactivación.

Hoy observamos gasolineras en gran parte del país con franquicias, menos cada día de un Petróleos Mexicanos que se diversifica, el cambio era inminente, nos estábamos quedando rezagados.

Febrero en algunos estados la fiesta de la carne los aleja de los peligros de darse cuenta de esa estruendosa realidad, y se disfrazan al salir de un enorme clóset de disparates.

Y desde marzo estábamos calculando fechas, para atinarle a los destapes de lo inaudito, aspiraciones políticas desde la óptica de un cumplimiento a medias, de inoperancias y desigualdades, de restar confianza a un pueblo menos callado, menos pasivo, menos al alcance de una despensa con o sin gorgojo.

Hoy a la distancia de esa primavera que está tan cerca y tan lejos a la vez de este diciembre, los festejos del niño, la madre, los maestros, el padre y demás, pasaron en engrosar nuestras deudas de medio año.

En Ciudad del Carmen una Feria de Julio que deja de ser lo pagana de otros años, y queda reducida a muy pequeños eventos, con sinsabores de la comunidad católica.

Y la compra de útiles escolares para otro año de arrinconar los pedimentos de todo, apoyo hasta para pintar las bancas de los salones de clases, en las inscripciones que pasan siempre por largas filas y desvelos, para conseguir un lugar en el sistema educativo público de una calidad aún cuestionable.

Y el mes patrio sin tantas luces, con menos sentimientos de ese nacionalismo que vamos dejando en los libros, en las enseñanzas de antaño, en los valores fundamentales del orgullo que se derrumbó también en septiembre.

Ese noveno mes del año, como en el año 1985, con menos muertos pero daños colaterales que todavía padecen en Chiapas, Oaxaca, Morelos y la Ciudad de México.

La naturaleza no avisa por más que se inventen instrumentos de alerta, no da tiempo de ponerse a salvo, y la política al salir a la puerta está ahí, al asecho para sacar raja, los colores nunca cambian, las personas que participan al parecer hasta se moldean para la otra estafa.

No vamos a comprar de nuevo esperanza, ni nos la vamos a pensar, lo tangible en las oportunidades vividas los últimos meses, nos ubican en una transparente realidad de definiciones y cambios radicales en el trajín del día a día.

No es necesario recorrer un municipio como Carmen, un estado como Campeche o un país como México para conocer lo que nos falta, y esa confianza que perdimos millones de mexicanos en todos los estratos o niveles sociales, que vaya que se manifiestan, cobrarán factura el 1 de julio próximo.

No es suficiente destapar al que casi todos veían, no había otro, se nota la preparación, la dedicación y el amor a México, aunque los detractores de siempre hagan lo imposible por denostarlo, otros se suman porque no les queda de otra; y la política es de nueva cuenta tan difícil como necesaria.

EN PRIMERA LÍNEA

En el frio análisis que acompaña al extremoso clima en la Ciudad de México, podemos afirmar que hoy todos se mueven para un par de lugares.

Los comensales pueden o no enviar buenas o malas señales, lo interesante siempre será el resultado final, no quien en el discurso se atreva a afirmar un escenario político tan lejano del sentir de un pueblo como México, tan diferente a la fotografía de 2012.

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