Andar a buenas con uno mismo

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

7 de Diciembre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Nada es tan común como creer que los demás tienen parte de culpa en nuestros fracasos.

Truman Capote

Cuando jóvenes no imaginamos alcanzar los momentos que ahora degustamos, no logramos visualizar nunca estar tan distantes de los seres queridos, extraviados en la vorágine de un mundo que logra seducirnos, atraparnos, y olvidarnos por momentos que estamos más cerca del final, y muy lejanos del punto de partida al tener uso de lo que muchos llaman razón.

Ahora de adultos todo cambia, nos transformamos, para no naufragar entre tantos pretextos para no alcanzar los objetivos, y los que hoy son jóvenes, con más herramientas para avanzar en un espacio de mayor civilización, tecnologías y aumento en las expectativas de vida, por los descubrimientos de científicos en las ciencias exactas, echan todo por la borda, desperdiciando ese preciado tiempo que tienen a su alcance hoy, sólo por hoy.

Descubrimos cada día las decenas de infatigables meses, que se fueron haciendo años con las sumatorias, en el esfuerzo para llegar a otras orillas, complicadas, donde un catre y una resistencia que se conectaba con energía eléctrica, superaba la plana antes de bajar dos pisos de escaleras y llegar a la calle en la colonia Doctores de la Ciudad de México, cuando ya daba temor entrar a edificios donde no había llave para esa puerta entreabierta.

Caminar es sinónimo de ambientarse, y no hemos dejado de hacerlo, el automóvil es un pretexto para llegar más rápido y es una mentira disfrazada de verdad, hacemos menos tiempo en el transporte público de pasajeros, en las distancias de más de nueve kilómetros desde la casa, para tener en cuenta los momentos desperdiciados de la vida, que no retornan.

Dormir y descansar son dos cosas muy distintas, y este sábado cuando me lees, ya estamos despiertos, quizá la obsesión por disfrutar más horas se nos está haciendo un gran vicio, como la manía de comprar flores cada jueves desde hace algún tiempo, en la misma esquina, con la misma marchanta.

Los niños inteligentes van tras un libro, un rompecabezas, una partida de dominó o un juego de ajedrez, y se enseñan a tener los tiempos mejor repartidos, aprovechados, no esa ociosidad de estar junto al enemigo número uno de la actualidad en todas las edades; el maldito celular que no despegamos de nuestras manos, y pretendemos así competirle al primer mundo, ni en el imaginario.

Nos peleamos con los dolores cotidianos, y enfermamos de esas ansiedades inexistentes, atrapamos un libro y cabildeamos que nos dejamos llevar por la rutina que se incrusta sin darnos cuenta, porque el trabajo administrativo es eso, rutina, horarios, descansos y convivencias con quienes no hay de otra, son los que habitan en los lugares comunes.

Y en esos desencuentros, vamos al encuentro de quienes nos brindan una esperanza de quietud, los medicamentos, ajenos al cuerpo, que causan trastornos naturales por los químicos que contienen, y las reacciones no son las mismas, por la conformación de cada cuerpo humano y la naturaleza de cada individuo, y lo sufrimos en demasía.

Nos aferramos a esa sabiduría del estudio, la constancia y aquella paz que ahora es incertidumbre y duda, pero conforme trascurren los años, se van haciendo asombro y calma, para terminar por aquietar las ansias y las otras dudas.

No es sino la muerte el principio de otra vida, desconocida, invisible, indescifrable, incalculable, pero sobre todo infinita.

Cuando escuchamos que nuestros amigos más cercanos enferman, preocupados acudimos presurosos a preguntar, y también nos imaginamos un día, no muy lejano, preguntar por lo que seguramente nos aquejará, porque el cuerpo se cansa, y envía señales con las enfermedades.

El silencio es notable cuando cabildeamos de estos temas, donde la juventud no está más con nosotros, tan sólo recuerdos, fotografías, momentos, y un sinfín de exabruptos que están en el imaginario, y un día alcanzarán vida entre nosotros.

EN PRIMERA LÍNEA

Por la noche una pelea de box que pocos con la afición a este deporte en México nos perderemos, recordamos las de Julio César Chávez, en pagos por evento, ahora son en televisión abierta, el negocio se les cayó.

Un mexicano como Andy Ruiz no lleva ni las apuestas a su favor, eso lo debe hacer más peligroso, y refrendar el primer triunfo en la categoría de los pesos pesados, y confirme que no fue un golpe de suerte su victoria para hacerse de los tres campeonatos.

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