Cinturones de ambigüedad y falta de compromiso

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

4 de Octubre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Si crees totalmente en ti mismo,

no habrá nada que esté fuera de tus posibilidades.

Wayne Walter Dyer

No es lo mismo protestar que gobernar, no existe similitud alguna entre señalar y sustentar en hechos las palabras que al calor de las ambiciones se esparcen, para inferir encono, crear inestabilidad social, pero sobre todo dejar un clima de desencanto.

Nuestro país atraviesa hoy sin temor a equivocarme, la peor y más larga crisis de credibilidad política, porque no sólo porque en muchos estados la gobernabilidad está en entredicho, sino por las maneras y las formas en la toma de decisiones que desentonan con una realidad que no únicamente abruma, nos tiene al borde de la desesperación.

Algo más hay que hacer y pronto, la sociedad civil es manipulada desde los círculos del poder que no desea un cambio, las malditas resistencias a cambiar, pero también la simulación en esa división de poderes de oropel.

La guerrilla continúa existiendo y causando daños en varios estados, la insurgencia no desaparece, las comunidades más pobres están sumidas en el desamparo, la pobreza no es el del alma, es la muerte por los abandonos, las sierras y muchísimos municipios, los niños carecen de lo fundamental, alimentación, vestido, salud pública y educación para salir adelante; sin ello todo es simplemente discurso y dádiva.

Ya basta de tanto descaro, de tantos y tantos programas sociales que reparten dinero sin medir los alcances, pero además que no frenan los altos índices de desnutrición, ni la mortandad en adultos y niños, porque no es regalar para enlistarlos para la próxima elección, sino ver por el futuro que no se les está edificando.

Basta de apapachos, basta de conflictuar con las sombras, no existe oposición en el país, por el modelo de democracia, donde cada voto en las urnas es un atentado al pudor de cualquiera que se precie de respetar su inteligencia.

Denostar el pasado sin meter en cintura a los corruptos, en la cárcel a los que se robaron los dineros del pueblo es demagogia, no es simplismo perdonar, existe un tufo de complicidad con las esferas de ese poder inoperante, pero poderoso donde habitan los capitales más blindados del México que escupe pobreza y desencanto hoy.

Ya el tema de la migración es sólo un asunto de los Estados Unidos, y vemos con tristeza la manera en que son tratados en la frontera sur quienes desean acceder a nuestro territorio para intentar cumplir su sueño, somos desde la primera línea imaginaria, los mismos sanguinarios que los de la frontera norte, que se organizan para cazar migrantes indocumentados. Esa es una gran fatalidad.

Los problemas del mundo son de todos los países, como el calentamiento global, es responsabilidad y corresponsabilidad, los problemas de México son añejos, se reconoce, pero se esconden debajo de la alfombra, no se hace ni el más mínimo esfuerzo por salir de los últimos lugares en casi todo, ¿soberanía alimentaria? Les suena, ¿es de cotorreo no les parece?

No se puede gobernar haciendo campaña política, es perverso ubicar a la baraja que acompaña a la desnutrición de nuestra niñez, que está condenada a la muerte.

Es perverso alimentar con unos cuantos pesos, los medicamentos de los adultos mayores, traer ahora el tema del aborto, porque al parecer la estrategia les funciona, mientras PEMEX se aniquila a si mismo por la falta de liquides, pero más por la inoperancia de la ignorancia de quien ahora lo encabeza.

Basta ya de engañarnos, de engancharnos como sociedad desde el anonimato de las cuentas en redes sociales, en esos pleitos de callejón sin callejón, de esos arrebatos de defensa a ultranza de quien no se permite ser cuestionado, mucho menos presenta cifras con números que puedan cotejarse para conocer si son verdaderos.

México se despierta con un poco de esperanza, pero casi sin aliento, porque todo está más caro todos los días, y las promesas de campaña son eso, promesas que no serán cumplidas, porque el retrato del país seles quedó prendado en los años ochenta.

EN PRIMERA LÍNEA

No hay Ciudad de vanguardia en la capital del país, no cuando se les obliga a los trabajadores a integrarse a los “cinturones de paz”, y son violentados por anarquistas.

Gobierno que envía a las manifestaciones donde saben de antemano que habrá violencia, a señoras, jóvenes y niños que no pueden quedarse en casa solos, es un gobierno que debe renunciar, porque no conoce de protocolos de seguridad para sus habitantes. Es su obligación cuidar la integridad de las personas.

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