El caos de ciudad Gótica

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

14 de Octubre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Sin memoria no existimos, y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

José Saramago

Dejamos de asistir a las salas cinematográficas, dejaron de ser atractivas las películas, esas que retrataban la realidad del país y del mundo, guiones cargados de ira, suspenso, melancolía, vaivenes entre la quietud y el sobresalto, pero más ahora la violencia se ha apoderado de todos los espacios de atención.

Fuimos al cine en familia el sábado pasado, con la idea que nunca una película tan publicidad rompe récords, o se acerca al éxito de manera natural, la crítica ha sido benevolente con “El Guasón”, y donde lo único rescatable no se menciona jamás, el actor que encarna al personaje tuvo que bajar 15 kilos de peso para salir a cuadro, se le notaba, además.

El fin de semana circuló un video que da cuenta de los contrastes en los mensajes que pretende, supuestamente, en el mejor de los casos enviar la película, pero se queda muy corta de esa pretenciosa y ambiciosa aspiración.

De entrada no nos gustó, desperdiciamos, tiramos a la basura más de cuatro horas de nuestra valiosa existencia, desde la llegada, la compra de los boletos, la fila de más de 50 personas para hacernos de unas palomitas, porque cine sin ellas no sabe igual, sin un tema que ubique una enseñanza, un mensaje claro, sino más de lo mismo, violencia para generar violencia, y sobre todo invitación al cigarro, fiel acompañante del actor que se si se lleva las palmas por lo sobreactuado.

Estaba claro que la intención es matar, a esa sociedad que está ahí, en los estratos sociales altos, criticando, ostentando, humillando, que no se dan cuanta que su dinero es eso nada más, dinero producto de un trabajo que, si bien ennoblece, no los hace seres superiores, viendo a los demás, pisoteando a los sin voz, así ha sucedido siempre.

Hay un importante llamado de auxilio que en la realidad a nadie le importa, se recortan programas asistenciales, dañando a los que menos posibilidad de salir adelante tienen, y nos imponemos esa máscara que muy pocos nos atrevemos a pintarnos, pero que llevamos tatuada en la conciencia.

Cometemos errores a diario, los mensajes ocultos son eso, para los astutos, inteligencias que no logran ver más allá que gritar cuando la película se interrumpió en dos ocasiones por más de cinco minutos.

Arthur Fleck cometió crímenes que estaban ya en su mente desde la niñez, donde fue violentado, y ya de adulto engañado por su madre adoptiva, un padre imaginario que paga las consecuencias de los abandonos a la pobreza y a la avanzada edad de una señora que no podía por si misma mantenerse viva.

Otra vez los grandes capitales nos presentan un churro, alentando la compra de armas, de cigarros, de violencia hasta en una junta, agresiones que no pueden pasar desapercibidas, y que están más allá de una crítica que nos hace falta talento e imaginación para la producción de una película que lleve mensaje, no de amor ni de cordialidad, sino de una realidad que se nos niega a diario, la inventiva es reducida en esas grandes inversiones, y con poco pero mucha imaginación, se llega al éxito, no a la vendimia de bodrios disfrazados de publicidad seductora, abusiva y engañosa.

No estamos molestos, es un parámetro para medir las carencias que acarreamos en el siglo XXI, lo contrario a los héroes ficticios inventados para salvar al planeta de su peor enemigo, el ser humano, pensante, actuante, pero también indolente y cargado de muchas estridencias que se asoman en guiones como el de la película referida.

No, no es lo gastado de dinero o de tiempo, es el echar a la basura, teniendo la posibilidad de realizar con un buen argumento, algo que nos deje sino asombrados, si un buen sabor de palomitas al salir de la sala del cine.

EN PRIMERA LÍNEA

Los Estados Unidos desde siempre han padecido de una epidemia de tiroteos donde mueren inocentes, y nadie contiene la violencia ridícula en sus películas.

No es censura lo que pedimos, pero una sociedad enferma como la estadounidense, que además se creen superiores al resto del mundo, bien le haría un toque de realidad para su enfermedad.

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