La vanidad de las conversaciones

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

28 de Diciembre de 2021 a las 13:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


La historia es también un cuerpo con remordimientos.

Manuel Vilas

Demasiado aprisa nos vamos acercando, en el calendario natural de las fatalidades, en las armonías moribundas, sin las terquedades de la juventud en fuga y con el claro concepto de abstracción navideña de cada año, al final de una ruta quizá no tan bien trazada con un bicho convertido en virus.

Porque vaya que ya no somos los mismos, esos que le sonreíamos de otra manera a la tempestad y convertíamos la calma en oportunidad, hoy padecemos todas las enfermedades, esas que nos frustran en la memoria metas a corto plazo.

Terminar un calendario más, o uno menos según descontemos o sumemos desde la rutina, lejos del anonimato, apartado un tanto de las conversaciones triviales, tenemos ante nosotros el último libro para leer antes de la llegada de un año nuevo, con tercia de números en dos.

Se llama “Ordesa”, recomendación de mi hija mayor, con el cual no vamos a llegar a una meta invisible en la lectura necesaria, porque tuvimos y mantuvimos los recientes meses, un férreo cierre de filas a favor de la educación, compromiso que asumí sin tener en consideración que podrían ser mis mejores años en las diferencias, como quien no deja nada pendiente al final de su existencia.

La exigencia ha sido mayúscula, desde el desorden encontrado, hasta la sutileza en las formas de reclamar espacios perdidos, ganados por la elocuencia, las nuevas prácticas de trabajar a favor de una huella imborrable, pero también con mentalidad de todo lo que puede servirnos en la sincronía de las personas y los acontecimientos.

Nos vamos acercando al final del año que le nombramos viejo hasta en canciones memorables, y vaya que no lo olvidaremos, haciendo referencia a uno de sus estribillos, porque los acompañamientos de hoy, los pocos que tenemos a nuestro alcance, son las mejores fortalezas, sin menoscabo de lo que antes era.

Tal vez al llegar estos días de un poco de descanso en la memoria, en el trajín natural de cada amanecer muy parecido al otro, lejos del bullicio, sólo los nefastos voladores hacen poner en vilo a los perros en casa, en todos los domicilios, porque no entendemos la nobleza animal, y la crueldad del ser humano que no distingue entre el bien y el mal.

No nos acostumbramos como solía decirnos mi padre, a esas horas que son parte de las vacaciones, tenemos que inventarnos actividades, reinventarnos aquellos gustos por buscar en los periódicos de años anteriores, de hace quince o más, noticias que continúan apareciendo como si fuera la primera vez.

Fuera de la antesala de las caries, como le nombro al dentista, con la cual tenemos sesión mañana miércoles pasado el mediodía, por las calamidades propias de una desatención de nuestra parte en agosto pasado, que descubrieron ahora tenía otra curación mal realizada que nos hará perder más paciencia, que les digo.

La vida misma se funda en la verdad del pensamiento, nos fijamos en el presente adverso sí, pero con fundamentaciones de ese pasado que nos hace mirar distinto, como la intensidad de una luz, como las formas de la luna, como la vulnerabilidad de la especie humana desde la creación.

No hay valentía ni heroísmo, no hay sobresalientes páginas, existen y coexisten deseos, esos que saldrán a la claridad en una noche de octubre, no lejos de las costumbres y los requerimientos naturales de la necesidad.

Porque todos en algún momento del tedio tenemos ansiedades, conservamos lo posible que nos identifica, para no rompernos como el cristal de un aparador enfrente de un campo de beisbol.

En la vida no hay ficción, desde los sueños más increíbles que podemos intentar hilar en otros amaneceres, están las respuestas a nuestras preguntas, a esos cuestionamientos en la lujuria, la seducción mediante el trato digno, con la prosa que alborota hasta a la mentira que pretende huir de su origen.

EN PRIMERA LÍNEA

Tanto para el país desde adentro, tanto más para México desde afuera; con los mismos, en otras posiciones, en las confrontaciones, en la algarabía de una fotografía.

No cambia el discurso, es el mismo sonsonete, sólo que con acento tabasqueño y más pausas, al final los mexicanos tendremos que salir como siempre; solos adelante.

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