Las teorías de la manipulación

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

9 de Octubre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


No todo el mundo puede tener suerte.

Anónimo

Los recuerdos nítidos retornan una y otra vez a la memoria, a esa consciencia que no está en vagancia, acumula esfuerzos, perseverancia y retos; que vuelven una y otra vez en esos sueños de madurez, que logran alcanzar alturas insospechadas, y nunca serán obstáculo para la preocupación o el encono.

Las calles de cualquier ciudad no nos parecen ajenas, unas en el otoño que se cierne con esas hojas que, en la cadencia de los vientos, en cámara lenta llegan a los suelos, otras más en el frío de los contrastes del cambio climático, que pocos suman a su favor para paliar los graves efectos.

Manipulaciones que, si logran visualizarse en la otra acera, esa que no respeta las libertades, la separación de los poderes, y atraviesa la línea divisoria que acumula pérdidas de confianza, entre la queja y el desquite por los pasados acontecimientos donde prevalecieron las traiciones, las ligas y los sinsabores, grabados para constancia.

Se crea en primera instancia distracción, donde un tema atrapa cada inicio de semana la atención de quienes leen, se ocupa y preocupan por ese día a día, donde lo económico está en la palestra, y lo social vuelve a ser parte de lo ambulatorio, nada sirve en la firme determinación de bajar los índices de pobreza, la focalización está en otra parte, lo político.

En un segundo plano de desatención en primera instancia, se encuentran los problemas que seducen a los políticos, y que se crean en una atmosfera de cierto control, para intentar resolverlo de varias maneras, hasta donde las formas importan.

Soluciones que no logran atrapar la atención de los implicados, porque nunca nada es suficiente, la deuda histórica con la población es enorme, y nada de lo poco que se logra ejecutar, impacta en el desánimo de esa esperanza acotada.

Un paso siguiente es darle valor a lo que es parte fundamental del problema en México, la inseguridad que se desatendió, pero que hoy nos arroja cifras de escándalo, más del setenta por ciento de la población se siente insegura en sus comunidades, ciudades, grandes capitales, donde el crimen organizado ha permeado de manera importante, y las altas esferas de atención no tienen la capacidad, menos la voluntad de hacer frente con un programa a largo plazo y que resulte exitoso.

Prefieren maquillar las cifras, no hablar de ello, esquivar en lugar de afrontar los problemas, soluciones mágicas sabemos de antemano que no existen, pero dejar pasar, dejar hacer, y repartir culpas o quejarse no soluciona nada, absolutamente nada.

No todo el mundo puede tener la suerte de hasta hoy, formar parte de la estadística delincuencial, desde el robo de un celular hasta el asesinato, mientras los que tienen la obligación de servir a sociedad, porque además reciben un salario, que debe retribuir lo que hacen, están en su inmensa mayoría observando a la maldad que se manifiesta ruda, en la crueldad de quien actúa con total impunidad.

Tiempo al tiempo y hemos sido demasiados tolerantes, necesitamos reflexión no emoción, no más discursos para el aplauso de pueblo pobre, no más adulaciones, no más de eso mismo que nos tiene hartos hasta el cansancio, sin resultados, sin disminuciones de los delitos de alto impacto, mientras la autoridad se resguarda, se le cuida, se le apapacha, y nosotros casi deambulamos en los infiernos aquí en la tierra.

Basta de simulaciones, basta de correr el telón cada mañana para engancharnos en otro engaño, basta de repartirle culpas a los que se fueron, y que por cierto han sido reprobados por la población, no sólo por la corrupción que siempre nos muestran los que llegan muy tarde, a toro pasado, y donde las instituciones procuradoras de revisiones y sanciones también simulan.

Nos cansamos de más de lo mismo, pareciera que salieron desde una tómbola, que previamente fue removida, o un cuadro como cada inicio de sexenio, de una caja de pandora indescifrable, pero alcanza tintes de inoperancia y colusión.

EN PRIMERA LÍNEA

Fotografía que envía un mensaje claro, fotografía que conjunta lo que otro deja de lado por su ambición desmedida, más allá de las otras lecturas en cada cuadro.

Innegable el rompimiento, presuroso e irritado quien deambula cada día más camino a la soledad de la indiferencia, porque nada nos pertenece, tan sólo la sonrisa que ahora podría brindarles.

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