Los sanos equilibrios desde el poder político

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

12 de Octubre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Somos la memoria que tenemos y las responsabilidad que asumimos.

José Saramago

Nos costará demasiado entender las explicaciones poco convincentes de los otros, los que se atravesaron a la otra acera, que ni siquiera tuvieron el pudor de despedirse dignamente de sus años en esa izquierda que confrontaba a una derecha radical que se ha ido desgastando en todos los sentidos.

Hoy no existe conflicto de intereses entre los poderes, las señales inequívocas marcan en el simplismo de lo ridículo, las suertes de quienes se asumen como dueños absolutos de la verdad, su verdad, más no la realidad de esos 30 millones de votos que contabilizó el aparato “democrático” que también escrutado con saña.

Un legislativo como antaño, al servicio de las causas, pero sobre todo de los claros intereses de quienes arribaron a un poder presidencial ultraconservador, no de izquierda, que le ha metido freno a todo lo que implica abrirse al mundo, un gobierno sin sensibilidad para los retos que demandan los pensantes, y hasta dudamos de esa tercera vencida.

Tampoco sabemos ni imaginamos, hasta donde llegarán las concesiones al amparo del poder político, para ahora suspender operaciones de cuentas bancarias en el poder judicial, para presionar por las renuncias que urgen, y colocar en la sana distancia a quienes aún no se aparcaban al morenismo de lleno.

Ahora mismo hablamos de un antes y un después de la renuncia del ex ministro Eduardo Medina Mora, ex embajador en los Estados Unidos, curiosamente no está siendo investigado por nuestro aliado del norte, como ex gobernadores de Tamaulipas y en su momento Quintana Roo.

La mano de hierro de Santiago Nieto le acusará estragos al presidencialismo de López Obrador, porque todos los excesos a lo largo del camino, y en la liquidación de cuentas pendientes, los trapos al sol se sacan a orearse al menos, o más bien a secarse para la próxima función, de Ebrard o de Sheinbaum.

No hay locuras ni espejismos, no existen locuaces ni caminantes en el desierto, cuentas por cobrarse de un neoliberalismo que no se menciona, y que atraviesa esa delgada línea entre desaparecer y conceder, entre beneficiarse y abstenerse de declarar, pocos actores empresariales han aguantado los primeros diez meses de un poder que arrincona a sus opositores, y ejecuta la ley como en el pasado reciente, de manera sospechosa.

Cese, suspensión de magistrados involucrados con suspensiones para la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, que ha reconocido quien hoy dirige los destinos de la aviación en México, que no tiene viabilidad, y sí una cirugía mayor al colapsado Benito Juárez, podríamos afirmar que son más de lo mismo los que acusan simulación de los que no dan la cara, porque pueden ser parte de las cifras negras de ese México que nunca encuentra a sus muertos.

La tan llevada y traída justicia digna, el respeto irrestricto a los derechos humanos, no hay muestras de un cambio verdadero como se anunciaba, no lo vemos, menos lo sentimos, cuando observamos el secuestro de camiones y choferes de más de 90 autobuses, los bloqueos, las marchas violentas, las pintas a monumentos históricos, y el exceso de tolerancia, porque están en la calle y sin empleo esos que alimentan odios en un país de pobreza extrema e ignorancia mayúscula.

Pero si se detiene a quien entra al Sistema Colectivo Metro en la estación Lázaro Cárdenas, vaya la connotación de la acción de siete elementos de la policía capitalina, grabados, que con violencia inmovilizan a un señor de edad avanzada, que no vendía, sino que iba a abordar un vagón, ¿esa es la cuarta transformación?

El uso y abuso del poder en todas sus expresiones, la corrupción galopa como caballo de carreras en el hipódromo de la Condesa, y no hay poder humano y político, ya no digamos que logre contenerla, sino ni siquiera aceptarla que es una estruendosa manifestación de actos recurrentes sin freno alguno, ni voluntad de hacerlo diferente.

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