Nos contamos historias para poder vivir

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

10 de Octubre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros

Que importa que la tormenta esté próxima.

Porque después de la tormenta siempre hay un mañana esperándonos.

Jorge Elías Espinosa Rafful

No, no es un día cualquiera este 10 de octubre, cuando ajustamos en el calendario de la vida la sumatoria de 365 días; todo lo que hemos logrado transitar, desde los obstáculos más complejos, hasta las dóciles y esperanzadoras cosas que nos permiten mirar y usar solamente una vez, desde nuestro nacimiento.

El mundo y su entorno se observa distinto desde el pasado 12 de septiembre, y un sabor amargo acompaña los otros momentos, las madrugadas cada vez más prolongadas, ningún atardecer se parecerá al maravilloso que mostraba tu imaginación, los poemas a la orilla de esa Laguna de Términos, donde convocabas a defender el manglar con la lírica de los mejores, entre ellos Octavio Paz.

No, no es un día como todos los otros donde coincidíamos en la Ciudad de México, en esos lugares que elegíamos entre los tres, y cada año nos reunía, en esa amena charla donde todo era posible, la discusión estéril, pero más lo chusco de lo cual te carcajeabas, porque como bien he leído, nunca reías.

Y me haces falta desde el primer momento de la fatalidad de tu partida, la vida, mi vida, ya no tiene los mismos matices, de repente deambulamos quizá buscando respuestas, pero mis preguntan se pierden en ese anonimato de lastima, los silencios prolongados de quienes deben acudir presurosos, simplemente no están.

No, no será como el año pasado, pero estaremos en el mismo lugar, con esa nostalgia que llegó para anidarse en mis sueños, hasta alcanzarte un día, las horas son más largas, por momentos sentimos que ya no estamos, que aquello fue tan solo una pesadilla, porque no logro dimensionar que ya no estás como lo que fuiste y serás siempre, el más pequeño de los tres, el más frontal, el inteligente y asiduo lector de todo lo posible.

Todavía no lo creo escribiría Mario Benedetti, y coincido con él, como con la norteamericana Joan Didion, que le da con su frase título a esta aportación única, que seguramente leerás en algún tiempo de esa eternidad donde hoy habitas hermano, porque la vida es eso, trascender en el tiempo, permanecer en mi memoria, y créeme que no saldrás nunca, ni un segundo, me acompañas al caminar con tus zapatos, que llevo puestos.

No, es inaceptable que te hayas ido de esa manera, incomprensible tantos silencios, tantas angustias de quien siempre te procuró desde antes del 2002, que nos marcó a los tres, quizá más que 1997, cada quien después de ir en ese andar pausado, de más multiplicaciones de bondades, extrañarán ahora la calle donde habitaste por tantos años, la limpieza en esa perseverancia inaudita que sólo en tierra posible.

Tu preocupación por la oscuridad, los museos, los gatos de las otras azoteas que llegaban a esa ventana que ilustra con tu imagen la mirada a un horizonte alterno que deseamos existas en él ahora y por siempre.

No, no me sabrá a nada estar de cumpleaños sin ti hermano Jorge Elías este 10 de octubre, más allá de la rutina de desearnos salud, estaba tu intelecto que siempre acompañaba algo que me hacía sonreírle a la vida, esa que hoy ha caído en pausa, y que tendremos que alimentar para no caer en provocaciones estériles, esas que deben apresurar lo indecible.

Y ahora con todo ese andamiaje que traigo a cuestas, cae la noche del día previo, un miércoles 9 del mes diez de un año que nos ha marcado, lo que sigue negando mi consciencia al empatar los párpados cada madrugada, por el cansancio natural de las horas despierto, porque le sigo dando vueltas a esa fatalidad de haberte perdido hermano.

No, no reclamo, me reclamo a mismo tu ausencia, me reclamo no estar más cerca de ti, me reclamo vivir sin tu presencia viva hermano, me lo reclamaré siempre. Así no era Jorge Elías, así no era.

EN PRIMERA LÍNEA

Siempre buscaremos como Didion, un hilo narrativo que otorgue sentido a tanto desorden, sobre todo cuando estamos arribando al límite para pasar a otra década de vida.

Hoy no es un día como otros tantos, hoy queremos intentar salvarnos de la ruina, aquella de la falta de honestidad para atrevernos a conocer lo posible, con o sin lealtad, la vida y sus contrastes fuera de todo anaquel.

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