PAROSMIA: “AHORA LA COMIDA ME DA GANAS DE VOMITAR", SECUELA DE PADECER COVID

Salud

Por: Redacción

26 de Febrero de 2021 a las 17:53

parosmia-ahora-la-comida-me-da-ganas-de-vomitar-secuela-de-padecer-covid

Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.

Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.

Imagenes

Comentarios

Publicidad