Salir del limbo, realidad compleja

En la opinión de

Por: Mariano Espinosa Rafful

30 de Diciembre de 2019 a las 00:00

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Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


Todas las juventudes se parecen. Es en la madurez cuando empieza la diferencia.

Rafael Chirbes

No podemos caer en ambigüedades, ni en los distractores del falso protagonismo, cuando existen inminentes decisiones que se deben tomar, asumir retos para dejar de lado la percepción del derrotismo, pero sobre todas las cosas intentar salir a flote para ser visto y posiblemente rescatados.

Asumiendo sin conceder la razón, que lo que ahora se hace es a título personal, dentro de la baraja política en una aldea, comunidad, pueblo, ciudad, estado o país; de acuerdo a las aspiraciones camino al 2021, un año donde México puede dibujarse en un nuevo mosaico con un color diferente.

Lo más importante es la gente, esa que ahora mismo atraviesa por caminos complicados, en las definiciones para donde hacerse, después de los fracasos o derrotas electorales de 2018, queda un desánimo en quienes no llegaron, y los que se beneficiaron no regresaron más a las colonias, diputados locales insensibles, que el año venidero, harán lo posible por figurar.

Conocemos todo aquello que podría hacer detonar a favor de un cambio verdadero, ese que se vendió bien pero no ha llegado, además de no ser medible el alcance de los recursos en los programas sociales de una generación de jóvenes con otras ideas, pero en el mismo sentido contrario de no tener razón.

Ni siquiera se han dado la oportunidad quienes tropezaron por vez primera, porque hay otras y otros que hasta llevan a cuestas tres derrotas electorales, y se lograron hacer de un espacio político por las posiciones plurinominales.

Ser gobierno es muy claro que en nada se parece a ser oposición, la oferta política es distinta, el tiempo es aliado en unos casos y enemigo en otros tantos.

No hay panismo a la vista en una convocatoria para unificar criterios, fundamentos básicos, ya no digamos una plataforma política con una agenda con rostro social, los orígenes generalmente ayudan, alejarse de lo que les hizo llegar al poder es caótico, el limbo no es más que divagar en un bosque a oscuras.

Felipe Calderón suponemos que sin pensión o con ella, busca afanosamente edificar un partido político, negocio de unos cuantos en ese México de contrastes en pobres y ricos, entre el poder y la jodidez, entre la alquimia y la realidad.

Utiliza a su esposa, con un poco más de credibilidad para sumar asambleas, y llenar los requisitos que el INE impone, y donde las multas ridículas parecieran un circo sin payasos, sino ahora costeños.

Un perredismo desaparecido del espectro político, suma sus pocos peones para hacerle frente a la abrumadora mayoría en el congreso de la unión, y ahora golpeados más por las acusaciones a la ligera de Santiago Nieto y compañía en contra de Miguel Ángel Mancera y sus ligas con Genaro García Luna.

Todo es parte de una función a la cual le quedan quizá cuatro años, para lanzar a Marcelo Ebrard a una candidatura riesgosa, por todo lo que implicará el desgaste diplomático, que ya vemos incide en el ánimo internacional, y la inseguridad al partir Alfonso Durazo como candidato al gobierno de Sonora.

Nadie hace lo que hace por casualidad, todos en el escenario de las próximas contiendas electorales, va juntando su capital, de las dos formas, hacerse de fortalezas que les permitan que los partidos políticos los enlisten, no sin antes pasar por procesos poco democráticos, nada transparentes, y si cargados de una matizada injerencia desde el centro de las decisiones, como siempre ha sucedido.

No logramos divisar sanas distancias, sino también fuerzas discordantes, que luchan en grupos pequeños para hacerse de esos lugares de privilegio, las benditas plurinominales, que dan el mismo sueldo y la misma impunidad.

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