Una ciudad llena de vidas por contar

Sin Razón Aparente

Por: Mariano Espinosa Rafful

17 de Diciembre de 2019 a las 00:00

una-ciudad-llena-de-vidas-por-contar

Mariano ESPINOSA RAFFUL

Siempre hay otros


De buen gusto callar como la piedra.

Eliseo Diego

Hay quienes se atreven a afirmar que el arte debe cuestionar la realidad, las expresiones y manifestaciones de una sociedad como la nuestra, que tan sólo debe tener una pequeña excusa o motivo para incendiar el planeta tierra, donde todos contaminamos por cierto y en demasía, y no es suficiente prohibir, sino prevenir, pero esa es harina de otro costal.

Nos debemos a la inquietud para seguir vivos, a esa búsqueda constante y muchas veces frenética por alcanzar otros espacios de atención, y nada nos parece suficiente, el frío cala los huesos a nuestra edad, y el calor hace trizas al cansancio y al insoportable aumento de la temperatura en pleno ocaso del otoño.

Indudable no afirmar que viajar es un privilegio, no necesariamente en estas fechas, motivos podrían sobrarnos, pero resulta que en ocasiones no solamente nos alquilamos para trabajar, sino otras tantas para soñar despierto, y ello, en el simplismo del abecedario, nos mantiene vivos, como a los otros, porque siempre hay otros que miran al horizonte de distinto color y se vale.

Al amanecer para llegar a una Isla, esa que nos dio una intensa e inmensa luz que ha alumbrado nuestro camino en casi seis décadas, donde permanece casi intacta la intensidad y el descubrimiento de cada milímetro de su tierra y su mar.

Muchos le nombran cierre de año, y vienen las lamentaciones y los recuentos, las sumas y las restas, los que se quedaron y los que ya no están más, en las alegorías de un mundo diverso, plural desde la identidad hasta las inclinaciones sexuales, apegos religiosos y hasta fanatismos por la política, esa que no perdona las derrotas, porque son todas huérfanas, diáfanas, en la ausencia total de las cuentas por pagar.

Y más temprano que tarde nos cobrarán a unos, y otros más pagarán, las desatenciones, las deslealtades, las inoperancias, pero además lo tradicional de verse retratado y no estar, pasar de largo, en la etérea defensa de ataques imaginarios.

Una sociedad como la carmelita, tan lejos de ese almacenamiento de rencores y sufrimientos, y ahora ante el espejo de la indiferencia, porque la maldad se ha incrustado tenebrosa, encandilada y casi permanente, dejando saldos que nos enlutan, nos conmueve y también nos aniquilan.

Desde la responsabilidad al saberse oposición, por la imposición que se dio a todas luces, somos severos quizá, rudos, crudos, pero nunca mentirosos, ahí están los hechos donde consta lo que no puede esconderse, hasta donde los contrapesos siempre deberán ser naturales, frontales, pero respetuosos, porque los excesos en la crítica rayarían en la desfachatez, en el cinismo de la no inclusión, en esas manutenciones que simplemente dan las experiencias y los asesoramientos, nunca la fraternidad mal entendida.

Vaya que se posa Ciudad del Carmen ante nosotros en el día previo a viajar a sus maravillosos paisajes, esos que la madre naturaleza nos ha dado, para salvar planas, para presumirlo al mundo desconocido, a las mujeres y los hombres que deben respetar su flora y su fauna, no invadir sus manglares, sinónimo de vida.

Una Isla rodeada de infinidad de encantos, pero para la realidad que abruma, acosada por los maleantes sin oficio, depredadores del trabajo digno de los demás, en la calamidad de los sentimientos en desencuentro ahora mismo, porque nada es para siempre.

Y la vida va, y las reflexiones llegan como intensos chorros de agua, helada por momentos, para revivir, para reactivar ese dinamismo del cual estamos a nada de ser testigos, porque se dice que su ciudad está bendita.

No nos cobremos los favores, hagamos los mejores momentos algo inolvidable siempre, hasta donde habite la quietud y la risa, y no esa calumnia sin pudor que es la pero consejera en un viaje de dos años más.

EN PRIMERA LÍNEA

Casi al final de cada año, nos quedamos con aquello que sumamos a la vida, en los afectos, de los múltiples colores en el concurso de las ideas.

Hacemos un penúltimo viaje para coincidir con las otras salvedades, con un pasado efímero, pero también un futuro promisorio, porque alguien conspira siempre para dos.

Imagenes

Comentarios

Publicidad